sábado, 11 de agosto de 2007

La imagen fija (se mueve en la memoria)

Este ensayo fue publicado en el libro "Artistas en México: Carla Rippey" (2007) de un proyecto editorial del Taller Gráfica Bordes. La colección incluye hasta ahora (en su segundo año) libros sobre Leonora Carrington, Gilberto Aceves Navarro, Boris Viskin, Magali Lara, Paul Nevin, Germán Venegas, y Francisco Castro Leñero. Planea la publicación de libros sobre unos 60 artistas contemporáneas, mexicanos o radicados en México. Para más información, contacten a Pilar Bordes, bordes00@prodigy.net.mx.




I. La imagen sucia

Lo que capta nuestros sentidos llega al cerebro por dos caminos, uno conciente y racional, y otro inconciente e innato. Mientras las percepciones viajan hacia la corteza frontal, donde se integran con otros datos captados del medioambiente y con asociaciones previas, viajan también hacia la amígdala, una parte mucho más primitiva del cerebro. Mandar algo hacia la amígdala es como mandar una imagen digitalizada con baja definición: llega rápido, pero borroso. No es información precisa y bien procesada como la que se formula en la corteza. Es, digamos, una imagen sucia. Son las imágenes sucias que nos hacen confundir, por un instante, una manguera con una víbora.*

Tengo la idea de que cuando me atrae una imagen, cuando siento una correspondencia con una fotografía encontrada, por ejemplo, es porque me desata una reacción a nivel subconsciente: genera la misma “imagen sucia” que algo ya almacenado en mi cerebro.

Dos fragmentos de la portada del catálogo de exposición, El uso de la memoria, Museo de Monterrey, 1994

Two fragments of the cover of the exhibit catalogue, The Use of Memory, Monterrey Museum, 1994

Por ende el archivo de materia prima para mi obra está conformado por imágenes que ya me han detonado algo. Examinándolas con calma, ya por el camino alto de las percepciones claras y las asociaciones concientes, tengo que precisar el elemento perturbador y hacerlo más evidente por medio de una edición de la imagen encontrada, es decir, recortes, la yuxtaposición de varias imágenes o la hechura de un collage. Después se afina la interpretación en su traslado al dibujo, grabado o pintura. En una especie de morphing debo de retransmitirlo con mi propia energía.
Me gusta este término “imagen sucia”. Es sucia porque es ambivalente su lectura, pero lo sucio también se asocia con lo erótico, lo perverso, lo perturbador y lo reprimido o temido, todos elementos pertinentes en la interpretación de mi trabajo. Finalmente, se podría postular que trafico en imágenes robadas: lo mío no es un negocio limpio.

Azucenas/Lilies, 1998

II. Pattern

Existe una palabra en inglés que considero central a mis preocupaciones; pattern. Bueno, me dicen, se podría traducir como patrón, pauta, motivo, estampado, diseño, elemento repetido. Pero todo eso está implícito en la sola palabra pattern. Poder discernir el pattern de nuestras vidas nos permitiría tener suficiente visión de nuestras rutinas, costumbres y hábitos, especialmente contrapuestos a los de otras personas y a los ritmos mayores de las naciones, las estaciones, y un sinfín de instancias más, como para deslizarnos por la vida con cierta celeridad. Todo esto cabe dentro del concepto oriental (y Jungiano) de la sincronicidad: la suposición de relaciones subyacentes entre toda persona y todo evento, como si formáramos parte de una enorme danza. (La lectura del I Ching se puede ver como un intento de ajustar los tiempos personales a los tiempos cósmicos, adentro de este sistema.)**

En el análisis de cualquier fenómeno, incluyendo el del conjunto de obras impresas en estas páginas, se buscan las semejanzas, las repeticiones, los motivos compartidos: patterns. Y efectivamente, hay sistemas que se van elaborando a través de mis trabajos. La presencia de las plantas, por ejemplo. Una rizoma alimenta jardines interiores y exteriores: insidiosos y por ende algo siniestros. Las plantas invaden las caras, se apropian de las vestimentas, hacen que el jardín se vuelva un territorio desconocido o un abismo. De modo parecido encuentro repetidos desiertos, pirámides y volcanes, una serie de cuadros que privilegian el gesto de las manos, un sinfín de camas distendidas, una variedad de niñas erotizadas (además de mujeres), huesos que parecen alas, alas bastante huesudas, y tanques que terminan hundidos en una colcha. Es una narrativa fragmentada; lo público se enreda con lo privado, y la intimidad se confunde con la historia.

En el trabajo obsesivo de Adolf Wofflí, quien elaboró un mundo privado recluido en un manicomio, hay cuaderno tras cuaderno lleno de caligrafías ilegibles donde pegaba imágenes recortadas de revistas contemporáneas. Los recortes le permitían dar cuerpo a su mundo inventado; arracados de la realidad exterior, le servían para completar la construcción de una realidad propia.

A diferencia de Wofflí, no pienso renunciar a la realidad exterior. Al ubicar imágenes de fuera adentro de lo mío, pretendo tender un puente. Trato de ubicarme allá afuera, a través de la orquestación de elementos adentro, en la obra. Descifrar el diseño, patrón, sistema, o pattern que se dibuja en mi obra, me podría resolver el misterio de la relación entre el mundo y mi persona. O si no es del todo descifrable, podría configurar, simplemente, un mapa de ciertas regiones de mi subconsciente, un mapa que me daría la pauta de cómo transitar por él. Y a veces sospecho, viendo este mapa, que no es exactamente un puente que tiendo, pero una trampa, un intento de seducción…

detalle de un dibujo de la serie, El vicio de la belleza /detail of a dawing from the series Beauty as a Vice,1996












detalle del dibujo El serpiente en el jardín/detail of the drawing The Snake in the Garden, 2000


III. La imagen fija (se mueve en la memoria)

Durante años, veinte años, quizás, se me iban acumulando en mis archivos fotografías de puntos de fuga. Finalmente las ordené, las imprimí por medio de la técnica de transferencia (un truco que involucra solvente y fotocopias) y construí un políptico de 49 puntos de fuga, llamado “Del finito al infinito”. La consideré una especie de mid-life piece: una pieza producto de haber llegado a cierto punto en mi vida desde donde podría vislumbrar el futuro lejano, o hasta un punto final, pero curiosamente, cada vez que me asomaba ese punto, se me cambiaba (¿se fugaba?). O igual se podría decir, que cada quien, desde donde se asome, ve un horizonte distinto. Podría haber sido una pieza de mil puntos de fuga.

La pieza no cabe en este libro. No cabe en primer lugar porque al reducir tanto 49 elementos, se vuelven todos ilegibles. Pero además, no cabe porque me doy cuenta que no es parte del sistema, de los motivos repetidos, de la obra en este libro. Así es que me di cuenta que para ordenar un conjunto de obra que tuviera coherencia entre sí, tuve que incluir obra que pertenece a otro ciclo ya completado.

Tengo un viejo recorte de periódico con unas palabras de Pasolini donde define a la vida, mientras la vivimos, como “un caos de posibilidades, una indagación de relaciones y de significados sin solución de continuidad…” Para él, la muerte cumplía “el montaje fulminante de nuestra vida”. Sin embargo, siento que siempre estoy buscando “soluciones de continuidad”: el pattern. Siempre estoy ensayando “montajes”. Pero los elementos que me atraen ahora no son los de hace unos años, los años que abarco en este libro. Ahora aparecen más paisajes vacíos, y las escenas pobladas tienen otra población, con otra dinámica. Sospecho que una diferencia fundamental es que ya no me dedico exclusivamente a descifrar el misterio de mi relación personal al mundo. Ya no me enfoco en trazar mapas de lo propio. Mi percepción es (y a ver si acierto) que ahora me fijo más en lo intricado de las relaciones entre terceros, entre grupos de personas, hasta entre fuerzas históricas. Y por otro lado, me encuentro contemplando el panorama vacío, el paisaje donde no estamos, el fenómeno de la ausencia. Así es que estoy metida en un nuevo “caos de posibilidades”. “Mar de posibilidades”, cantaba Patti Smith, y me gusta más esa frase. De todos modos, lo que salga de este mar o caos, será el material de otro libro.

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*El libro de Steven Johnson “Mind Wide Open” hace la crónica de la investigación de Joseph LeDoux a la cual me refiero en este texto.

**La controvertida enciclopedia de la red, “Wikipedia” define “sincronicidad” como un término acuñado por Carl Jung, para describir “la ocurrencia temporalmente coincidente de eventos no causales”. Sigue comentando la enciclopedia que el concepto de “correlación” se asemeja a este fenómeno, y explica: “Aunque correlación no implica necesariamente causalidad, correlación puede ser de hecho una propiedad física compartida por eventos sin que exista una relación clásica de causa-efecto, como se demuestra en la física quántica, donde eventos bastante separados pueden ser correlacionados sin que sean ligados por una instancia directa, física de causa y efecto.” (Para mí, esto tiene lo intrigante de la ciencia-ficción.)

--Carla Rippey